Coco el cocodrilo vivía en un gigantesco zoológico, dentro de su hábitat se encontraba un gran árbol que todos los días le daba mucha sombra. Sin embargo, este árbol no solo era bueno para él, ya que diariamente un pájaro se colocaba en sus ramas a cantar.

Un día, Coco se encontraba durmiendo muy tranquilamente y el pájaro se posó en el árbol y comenzó a cantar fuertemente, despertando al pobre cocodrilo de su sueño profundo. Coco se enfureció muchísimo, además, le tenía gran envidia al pájaro por cantar de una forma tan hermosa.

Coco todos los días se lamentaba por ser un cocodrilo, sin embargo, el pájaro siempre le decía lo especial que era y resaltaba su gran tamaño, fuerza y además, la increíble capacidad que tenía para nadar, la cual era envidiada por otros animales.

Nada de esto no ayudaba a Coco, por el contrario lo hacía molestar más. Un día, muy malhumorado decidió que saldría del agua e intentaría cantar tal y como lo hacía el pájaro. Por lo cual, intento subir al árbol.

Sin embargo, se dio cuenta de que sería totalmente imposible, ya que él no era capaz de volar. Tampoco podía escalarlo o saltar tan alto, debido a que él era muy grande y pesado. Aumentando su enojo cada vez más, comenzó a golpear el árbol con toda su fuerza.

De tantos golpes, el árbol cayó justo a su lado, muy sorprendido y emocionado se subió al tronco y luego a una rama, tal y como lo hacía el pájaro. Cuando se encontraba cómodo abrió su enorme boca e intento cantar.

Sin embargo, el resultado fue horrible, a diferencia del pequeño pájaro, él solo había logrado hacer un gran sonido, sin ninguna melodía o ritmo. Ante tal horrendo ruido, todos los animales se acercaron curiosos a ver lo que sucedía.

Al darse cuenta de que era el cocodrilo intentando cantar no pudieron contener la risa y todos comenzaron a burlarse de Coco. Además de cantar terrible, era un cocodrilo que se encontraba sobre un árbol derribado.

Coco nunca se había sentido tan avergonzado, todos se reían y lo señalaban. Por lo cual, decidió que nunca más se arrepentiría de ser un cocodrilo. También, se dio cuenta de lo mal que había hecho al derribar el árbol.

De esta manera y haciendo uso de toda su fuerza fue capaz de reincorporar el árbol y plantarlo nuevamente en su lugar, cuidándolo todos los días para que floreciera de nuevo. Durante este tiempo se dio cuenta de lo afortunado que era por ser un cocodrilo y de lo mucho que se divertía con sus amigos.

De igual forma, entendió que la envidia no era para nada buena, por el contrario, se dedicó a admirar el hermoso canto del pájaro y agradecerle por todos los días posarse en su árbol a cantarle una nueva melodía cada mañana.

Desde ese momento Coco fue el cocodrilo más feliz del mundo y además, se dio cuenta del increíble bailarín que era, por lo que, el resto de los animales admiraba su talento.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.