Hubo una vez, hace muchos, muchos años, cuando los niños del mundo no sabían distinguir entre las cosas que estaban bien y las que estaban mal. De esta forma, podían golpear a sus hermanos creyendo que era algo bueno, o sentirse mal por ayudar a su mamá a recoger los juguetes de su habitación.

Por ello, frecuentemente las hadas explicaban a los niños lo que estaba bien y lo que estaba mal. Sin embargo, era una labor sumamente cansada e incluso aburrida.

Un día, a un hada llamada Chispa, a la que le gustaba mucho divertirse se le ocurrió que debía haber una mejor manera de explicar la diferencia entre estas cosas a los niños. Así, pensó en obsequiar a Alicia, su niña favorita, una almohadita parlanchina.

Así, cada noche, cuando Alicia iba a dormir, la almohadita le preguntaba:

 

“Cuéntame, querida Alicia, ¿Qué has hecho hoy?

Cuando Alicia comentaba algo inapropiado que había hecho durante el día, la almohada hacía un ruido de enojo y dejaba que le crecieran bultos que eran incómodos para Alicia, por lo que le era más difícil dormir bien y descansar.

Pero sin embargo, cuando la pequeña Alicia le contaba a la almohadita cosas agradables y buenas acciones que hubiera hecho durante su día, la almohada emitía un suave ronroneo, como el de un gatito. De la misma forma, le daba las buenas noches y empezaba a cantar suavemente hasta que la pequeña se quedara dormida.

Alicia comenzó a notar que cuando hacía cosas buenas, podía dormir mucho mejor y se sentía con más energía en las mañanas para poder jugar con sus amigos y hacer sus tareas. Por otra parte, cuando hacía cosas que no eran correctas, no era capaz de dormir bien por la noche.

Así que durante el día, Alicia no tenía fuerzas ni ánimos para jugar con sus amigos y le era mucho más difícil concentrarse para terminar sus tareas. La pequeña aprendió rápidamente lo que tenía que hacer para que la almohadita que le había obsequiado su querida hada Chispa le cantara y la ayudara a dormir.

Pocos días después, Alicia empezó a hacer cosas muy buenas para que su almohadita le hiciera dormir mejor. Así, la pequeña nunca volvió a actuar de manera inapropiada y aprendió la diferencia entre las cosas buenas y las malas.

Al ver los rápidos resultados de su almohada parlanchina en la pequeña Alicia, a Chispa se le ocurrió darle otra almohada parlanchina a otro niño que le daba mucho trabajo. Al principio, el pequeño hacía muchas cosas inapropiadas, por lo que la almohada se enojaba y no lo dejaba dormir muy bien.

Pero tras unos pocos días, cuando el pequeño empezó a cambiar sus acciones durante el día, logró comprender que algunas de las cosas que hacía antes no estaban muy bien. Por lo que poco a poco fue mejorando y comenzó a dormir mejor.

Gracias a su éxito, Chispa compartió su idea con todas las hadas y un tiempo después, todos los niños habían dejado de portarse mal, pues habían empezado a apreciar la diferencia entre las cosas que estaban bien y las que no lo estaban.

Al final del día, serán las buenas acciones las que nos permitirán dormir tranquilos y estar orgullosos de nosotros mismos al intentar ser mejores cada día. Al mismo tiempo, debemos utilizar los errores que cometemos para aprender, mejorar y no repetirlos.

Cada día es una nueva oportunidad para empezar de nuevo y siempre que lo necesitemos, tendremos nuestra almohada para ayudarnos a reflexionar.

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