Se rumoreaba que, en un lugar muy, muy lejano, existía un pequeño país llamado Facilandia, en el que todo era muy fácil y sencillo. Este lugar despertó una gran curiosidad en Rodrigo y Lorena, dos investigadores que dedicaron mucho tiempo a estudiar este misterioso territorio.

Una vez que Rodrigo y Lorena creyeron haber descubierto el lugar donde se encontraba Facilandia, iniciaron el viaje hacia él. Durante su camino, se toparon con cientos de peligros y vivieron miles de emocionantes e inolvidables aventuras, pasaron por lugares hermosos y descubrieron animales que nadie conocía.

Luego de muchos días de exploración, finalmente encontraron Facilandia. Rodrigo y Lorena estaban maravillados. Todo en aquel hermoso lugar se encontraba en paz, incluso daba la sensación de que el tiempo había dejado de transcurrir.

Nuestros valientes aventureros y exploradores fueron recibidos en aquel lugar por quien parecía ser la única persona que habitaba en él, un hombre mayor, de ojos tristes.

– “Mi nombre es Paul, el desdichado. El penado guardián de los durmientes.” – Dijo el  anciano, con una voz de gran tristeza.

Ante la confundida mirada de los aventureros, que no podían comprender como Paul podría encontrarse triste viviendo en un lugar tan hermoso, el hombre comenzó a contarles su historia.

Les explicó que los facilones (Los habitantes de Facilandia) siempre habían estado obsesionados por encontrar una manera de hacer las cosas más cómodas y fáciles para ellos mismos, añorando una vida cómoda y sin ninguna clase de dificultad.

Para lograrlo, habían construido una cámara especial en la que todos los habitantes del pueblo dormían cómodamente y en la que tenían todo lo que necesitaban. Sin embargo, el azar determinó que Paul sería el único habitante del pueblo que se quedaría despierto, asegurándose de que todo funcionara apropiadamente para que los demás pudieran dormir.

Aquello había ocurrido muchos años atrás, por lo que muchos de los facilones que habían iniciado el sueño ya habían perecido a causa de su avanzada edad, y los que, como Paul, eran jóvenes cuando se inició el sueño, ya eran muy ancianos.

Rodrigo y Lorena estaban atónitos, no podían creer lo que oían.

  • “¿Quisiera estar como los otros facilones?” – Preguntaron los viajeros con tono de
  • ¡Pero por supuesto!” – Exclamó Paul. – “Llevan una vida tan fácil. Duermen todo el día y no se preocupan por nada. Yo debo buscar comida, – Prosiguió Paul – agua, cocinar, cuidar de todos, pasar calor, frío, reparar cualquier cosa que se rompa y un montón de cosas más,

¡Esto no es vida!

Con la excusa de saber más sobre su maravillosa vida, los exploradores insistieron a Paul que les permitiera conversar con uno de los durmientes. El anciano no se mostraba convencido, pero en el fondo quería comprobar lo felices que eran los demás, así que al final accedió.

Al despertar a uno de los facilones, a pesar de tener apariencia de anciano, su forma de hablar y pensar era la de un niño. Paul, sorprendido, despertó a todos los demás solo para comprobar que se encontraban igual. Apenas habían hecho algo vidas, no sabían casi nada, incluso se ponía en duda que alguna vez hubieran vivido.

Ninguno deseó volver a dormir, así que Paul amablemente comenzó a enseñarles todo lo que había aprendido a lo largo de su vida y que los demás se habían perdido. Al hacerlo, Paul se sintió

increíblemente dichoso de no haber entrado a la cámara del sueño, pues había sido el único en Facilandia que en verdad había podido vivir.

El camino fácil no siempre es el mejor. Los desafíos y las dificultades son parte importante de la vida, nos permiten aprender, madurar, crecer y mejorar. Por ello hay que saber hacerles frente y superarlas para poder seguir avanzando. De lo contrario, nunca viviremos en verdad.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.