Claudia era una niña común y corriente como tú, poco a poco estaba dejando
la costumbre de jugar como lo hacía antes, pues ya con 10 años de edad sus
gustos fueron cambiando.

Así en vez de jugar con las amigas del frente a las corridas, prefería ver series juveniles o distraerse pasando más rato en las redes sociales.

Un día, Claudia decidió que ya no jugaría con sus muñecas, además había
una en especial que comenzaba a darle miedo porque parecía una persona real.

Por eso, cada vez que su madre la colocaba en su cuarto ella la tapaba con un paño para no verla ya que sentía que esta la miraba fijamente, tanto que en ocasiones
optó por sacarla del cuarto, pero su mamá siempre la regresaba.

Cansada de tenerle miedo, un día la colocó en una bolsa y la puso en un basurero lejos de su casa. Al hacerlo sintió un alivio muy grande, por lo que decidió ir a tomar un helado y conversar con sus amigas un rato.

Para su sorpresa, al llegar a la casa y subir a su cuarto la muñeca estaba sentada en una mecedora que tenía cerca de la ventana viendo hacia la puerta, como si estuviera esperando que ella llegara, eso le dio mucho miedo y salió corriendo. No sabía qué hacer, su mamá no había llegado aún del trabajo y estaba sola, intentó llamar a sus amigas para contarle lo sucedido pero no le iban a creer lo que pasó.

Por lo que se armó de valor y regresó al cuarto para sacar a la muñeca de allí,
pero al entrar ya no estaba, la buscó por todos lados, debajo de la cama, el closet,
dentro de los estantes y por toda la casa sin hallarla; llegando a pensar que su
imaginación le había jugado una mala pasada, por lo que no comentó con nadie
lo sucedido.

La tarde se oscureció repentinamente, pero todo seguía con normalidad, su
madre llegó del trabajo, prepararon la cena juntas, vieron una película y tomaron
sus previsiones porque parecía que se acercaba una tormenta eléctrica, así que
buscaron velas por si se iba la luz.

Llegada la noche, Claudia se dispuso a dormir y ya cuando se estaba
quedando dormida falló la energía eléctrica; se levantó, prendió una vela y la
puso cerca de la ventana, cuando se estaba recostando nuevamente se apagó la
vela repentinamente, se extrañó un poco porque no había ninguna entrada de
brisa, pero no le hizo caso así que volvió a prenderla, pero al voltearse esta se
volvió a apagar y comenzó a asustarse.

Claudia temblaba mucho y volvió a prender la vela, pero al ver a su lado allí
estaba la muñeca siniestra, meciéndose en la mecedora y mirándola fijamente,
gritó tan fuerte que su mamá vino a ver qué pasaba, pero nuevamente había
desaparecido. Desde ese día, Claudia y su mamá abandonaron aquella casa
donde la muñeca siniestra espera a sus próximos habitantes.

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