Hace mucho, mucho tiempo, en un hermoso reino rodeado de bosques, vivían un rey y una reina. Justos, dedicados, nobles y de gran corazón, eran queridos por todos los habitantes del lugar. La pareja real solo tenía una heredera, una pequeña niña llamada Graciela.

Graciela había sido bendecida con gran belleza, sin embargo, era muy astuta y traviesa, por lo que sus padres trataban de pasar con ella tanto tiempo como les fuera posible. Era común que pasaran las tardes paseando por las cercanías del castillo junto con la pequeña.

Un día, se encontraron con una mujer mayor que tenía la habilidad de leer la fortuna. La dama ofreció sus servicios a la familia real, quienes curiosos por saber que les deparaba el destino, aceptaron la oferta. La suerte de la pareja fue buena en general, la lectura no arrojó ninguna predicción preocupante.

Sin embargo, cuando fue el turno de la pequeña Graciela, su fortuna fue diferente. La mujer predijo gran belleza, inteligencia y astucia en su futuro. Sin embargo, también hizo saber a los reyes que si no tenían cuidado, su futuro como reina se vería afectado, pues a la edad de 18 años, ocurriría algo que arruinaría su imagen en todo el reino si no se manejaba correctamente.

El pronóstico preocupó a los reyes, quienes sin perder tiempo transportaron a Graciela a un palacio secundario que se encontraba en lo profundo de los bosques al que solo ellos tenían acceso. La pequeña viviría en el palacio junto a una tutora que velaría por ella y se encargaría de su educación.

La princesa y el ladrón

Pasaron los años y la niña se convirtió en una hermosa joven dotada, además de su belleza, de inteligencia y cultura. Desde luego, seguía manteniendo la misma audacia y picardía que la caracterizaba desde niña. Gracias a esta cualidad, frecuentemente se las arreglaba para engañar a su tutora y escapar del palacio hacia las profundidades del bosque.

Un día, mientras caminaba un paraje del bosque, decidió ir a explorar una cueva en la que anteriormente había visto hombres depositando grandes cofres y artículos brillantes. Curiosa por las riquezas que pudiese haber en su interior y aprovechando que no se veía a nadie en los alrededores, Graciela se adentró en la cueva.

Sorprendentemente, se topó con un lugar muy bien acomodado, con múltiples sillas y mesas y otras comodidades. Suficientes para que al menos unos diez hombres vivieran en ella. Basándose en el interior de la cueva y en lo que había visto introducir a la misma con anterioridad, dedujo que se trataba de una guarida de ladrones.

Además, encontró un caldero en el que se estaba cocinando una gran sopa, por lo que imaginó que los residentes del lugar no tardarían mucho en volver. Impulsada por su gusto por hacer bromas, y en un arrebato de inmadurez, tiró la sopa en el suelo e hizo un desastre dentro de la cueva.

Tras esto, la abandonó y se ocultó en los alrededores para observar la reacción de los ladrones. Para su diversión, los ladrones se enfadaron y exclamaron venganza a los cuatro vientos, asegurando que se harían con el responsable a cualquier costo.

Cualquier persona se asustaría y se alejaría tanto como pudiese de esa cueva. Pero a Graciela esto le pareció divertido, así que decidió continuar gastando bromas a los ladrones. Al día siguiente, regresó a la cueva con nuevas travesuras planeadas. Se aseguró de que no hubiese nadie en los alrededores e ingresó a la cueva.

Para su sorpresa, el jefe de los ladrones se encontraba oculto esperándola. Un joven particularmente apuesto llamado Philip. Inicialmente, el hombre no se mostró hostil ni agresivo, incluso invitándola a conocer la cueva.

La joven accedió, pero no bajó la guardia, constantemente le preguntaba o le pedía cosas que lo distrajeran unos segundos, de modo que pudiese crear una ventana para escapar. Tal fue el caso cuando el chico la invitó a probar la sopa que había cocinado. Graciela aceptó, pero le pidió que la revolviera bien antes de servirla para que se acentuaran los sabores.

Mientras el joven revolvía la sopa, Graciela arrancó a correr. Philip era astuto, pero no se esperó que la chica huyera en ese momento. Gracias a su buena condición física, logró mantener el ritmo de la chica y verla subir por una cuerda para entrar por una de las ventanas más altas del palacio.

El ladrón aguardó unos minutos para asegurarse de que ningún guardia saliera del castillo y procedió subir la cuerda. Pero como Graciela era muy astuta, se había ocultado esperando que esto ocurriera, así que cuando Philip había alcanzado buena altura en su escalada, soltó la cuerda provocando una caída que dejó muy malherido al chico.

Sabiendo que el ladrón se encontraba incapacitado, pensó que debía tomar el asunto en sus manos y tomar ventaja antes de que se recuperara, pues ambos sabían dónde encontrarse. Por ello, Graciela se disfrazó se doctora y asistió a la cueva para gastar más bromas a Philip. Los ladrones se mostraron convencidos por su actuación y la dejaron entrar.

Las bromas de la joven solo causaron más dolor en Philip, quien dada su condición, no podía hablar. Volvió los días siguientes, incomodando y aumentando aún más las dolencias del hombre con sus bromas, quien ya había descifrado la identidad de la doctora, aumentando así sus ganas de vengarse.

Luego de unos días, la chica creyó que la condición de Philip era suficientemente mala como para olvidar sus ganas de vengarse, pero no era así. La chica no volvió más a la cueva y prácticamente olvidó el asunto. Así pasaron los meses y Graciela cumplió 18 años. Sus padres, coincidiendo con la fecha, la recogieron con la intención de llevarla al reino y buscarle un esposo.

Todo el evento fue presenciado por Philip, quien ya totalmente recuperado, tenía varios días vigilando el palacio. Fue entonces que se le ocurrió hacerse pasar por príncipe y, sacando ventaja de su atractivo y de las riquezas que había obtenido con sus robos, pedir la mano de la chica en matrimonio.

El joven tuvo éxito en su propuesta, siendo aceptado por los reyes. Graciela sin embargo, se había dado cuenta de la identidad de su pretendiente. Sin embargo, luego de tanto molestarlo, le había empezado a agradar el chico, quien, aunque no lo admitiera por sus deseos de devolverle todas las maldades a la chica, también había empezado a sentir agrado por ella.

En la noche en la que se concretaría la broma, Graciela presentía que el joven la gastaría una broma, así que nunca bajó la guardia. En efecto, era así. La ceremonia tendría lugar en el salón principal del castillo y todos los habitantes del reino habían sido invitados.

La princesa y el ladrón 2

Por ello, Philip llenó una cubeta con tierra y otras sustancias desagradables que obtuvo en la granja del reino y utilizando una cuerda, la instaló de forma que al liberarla, todos los desechos caerían sobre ella frente a todo el reino, devolviéndole así todas sus bromas.

Sin embargo, cuando Graciela salió en su traje de novia a saludar a las personas, a Philip le pareció tan bonita que no pudo gastarle la broma. Además, se dio cuenta de tenía ante él la oportunidad de abandonar su vida de robos y convertirse en un buen hombre.

Por ello, caminó hacia Graciela y le ofreció disculpas por sus malas intenciones. La joven también había madurado se había dado cuenta de lo mal que habían estado sus acciones, por lo que ambos prometieron cuidarse mutuamente y no gastarse más bromas. De esta forma, contrajeron matrimonio y fueron felices por siempre.

La princesa y el ladrón

Así, Graciela y Philip aprendieron la importancia del respeto hacia las demás personas y que cobrar revancha nunca es una solución. La madurez que adquirieron les permitió ser buenos reyes, e incluso reformar a los demás ladrones y antiguos secuaces de Philip, por lo que todo el reino tuvo paz.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.