En una tienda de animales vive Nemo, el pez con más mala suerte de todo el mundo, siempre que organizaban las peceras según especies, Nemo era colocado por descuido u error con peces mucho más grandes que él, por lo que, realmente su vida no era nada fácil.

Por otro lado, sus hermanos y el resto de los peces siempre eran colocados en las peceras correctas, teniendo así vidas bastante sencillas. Él por el contrario siempre tenía que estar huyendo de los peces grandes para no ser devorado.

Los demás peces se burlaban todo el tiempo de su mala suerte, incluso era conocido por todos como “Nemo el mala suerte”. A pesar de todo esto, Nemo nunca se ponía triste o se lamentaba, ni siquiera por estar cansado o porque le dolieran sus aletas, siempre estaba listo para huir y nadar entre piedras y plantas.

Mes tras mes, Nemo era colocado en la pecera incorrecta, por lo cual, su habilidad para nadar era asombrosa. Un día tuvo mucha suerte y por fin fue colocado en la pecera que le correspondía, estaba con los demás peces pequeños, al fin tranquilo, podía descansar.

De pronto el encargado de la limpieza y la organización de los estanques se equivocó y colocó con ellos al pez más grande y furioso de toda la tienda. El resto de los peces al no saber nadar rápido fueron atrapados por el pez más grande.

Sin embargo, Nemo nadó como estaba acostumbrado, dio muchísimas vueltas, saltos y giros y logró sacarle gran ventaja al pez gigante. Mientras que todo esto sucedía entro a la tienda entro un hombre alto y muy elegante experto en acuarios, el cual se detuvo a ver lo que estaba sucediendo en la pecera.

Podía ver a Nemo nadar a toda prisa y usar todos los trucos que sabía para no der devorado, aquel hombre estuvo horas en la tienda observando la gran habilidad de Nemo y fue así cuando se dio cuenta que este era un pez totalmente único.

Debido a esto, habló con el encargado de la tienda y compró a Nemo, convirtiéndolo así en una estrella, el pez más popular de todo su acuario e incluso de las colecciones y eventos que organizaba. También, lo salvó de continuar en esa tienda donde siempre se encontraba en peligro.

En el acuario de aquel hombre, Nemo tenía todas las comodidades que quería, además de cuidados especiales para sus aletas, las cuales se encontraban un poco lastimadas debido a todos los trucos que hacia diariamente para escapar de los peces grandes en su anterior hogar.

Viendo todo lo que había logrado, Nemo entendió que su mala suerte realmente había sido una muy buena suerte, ya que había logrado algo que ningún otro pez había conseguido hasta el momento, convirtiéndose así en un pez único en el mundo.

De esta manera, también comprendió que las adversidades deben ser aprovechadas como oportunidades para superarse y aprender nuevas habilidades. Quizá la mala suerte que creas tener no es más que la mejor de las suertes y una oportunidad para ser único entre los demás.

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